Esta entrada recoge la reflexión realizada por María Ybarra Casquete sobre el color, en concreto, el color de las viviendas situadas en la Calle Betis, en Sevilla. Ya que desde su opinión podrían llegar a ser un bien de interés cultural, puesto que ni su entorno ni su propia ubicación serían lo mismo sin dicho colorido, ni siquiera el río sería lo mismo al no verse estos colores reflejados en él.

Este análisis surge dada la relevancia que puede llegar a tener el color dentro de la arquitectura, siendo arquitectura y color dos conceptos que siempre van de la mano. El color dentro de una obra de arquitectura no debe considerarse una opción al azar, puesto que puede causar gran impacto social, cultural y urbanístico dentro del entorno en el que se asienta.

Esta relación entre la arquitectura y el color ha estado muy presente en arquitectos como Luis Barragán, que ha hecho de su obra arquitectónica un homenaje al color y la luz, utilizando al primero como recurso gráfico de la arquitectura, y a la luz como elemento que modifica la manera de percibir los espacios y los colores de los mismos. Apoyándose en esto, María defiende la importancia de proteger el color, puesto que, según Barragán, el color puede ensanchar o achicar espacios, y, por lo tanto, transformarlos. Así pues, sabiendo la importancia que tiene la calle Betis dentro de la ciudad de Sevilla, no se debería transformar este espacio desde la perspectiva del color.

Por otro lado, en la guía de paisaje urbano realizada por el IAPH se han distinguido aspectos muy relacionados con el tema en cuestión, haciendo referencia a la capacidad de disfrutar de diferentes espectáculos atmosféricos en los que la luz, el color y la variedad ofrecen múltiples y cambiantes combinaciones en las distintas épocas del año. Además, dicha guía resalta el paseo junto al río como uno de los más transitados y de reclamo turístico, así como, la importancia histórica y cultural del curso del río como el componente horizontal más importante de la ciudad, del que forma parte la calle Betis. Sabiendo esto, afirma que, si la calle Betis perdiera su esencia, debido a la pérdida de dicho color, siendo uno de los elementos de reclamo turístico de la ciudad, perdería valor y dejaría de ser tan transitado por esta parte.

En el mismo orden de cosas, se conoce de la existencia de casos similares en los que se ha tratado el color dentro de los elementos a resaltar del patrimonio, como es en el caso de Villajoyosa, en la comunidad valenciana; donde hay censadas 777 casas de colores que conforman un barrio declarado Bien de Interés Cultural. Incluso en Lisboa, tras el incendio que desoló gran parte de la ciudad, se tuvo en cuenta, dentro del proyecto para su reconstrucción, una paleta de colores concreta para el diseño de la ciudad.

En general, se propone una campaña de concienciación donde los ciudadanos entiendan la arquitectura y el patrimonio desde una perspectiva más amplia donde aspectos como el color tengan cabida. Es por esto que María opina que, es el color de la calle Betis, lo que le da la importancia que tiene, tanto a la propia calle como al entorno que lo rodea, por lo que debería ser protegido para evitar que se modificase y pudiera perder la identidad que tiene ahora.

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