Esta entrada recoge la reflexión realizada por Ana Rodríguez Luque sobre la demolición de una parte del complejo del hospital psiquiátrico de Miraflores, en Sevilla en el trabajo desarrollado en la asignatura Patrimonio Urbano y Planeamiento durante el curso 2016-2017. Ana aborda la problemática de su demolición como consecuencia de encontrarse en un estado de abandono total por parte de la administración pública.

Esta reflexión surge dados los valores históricos, arquitectónicos y etnológicos que no se tienen en cuenta del complejo para proceder a una controvertida demolición, llevada a cabo a través de los entresijos del planeamiento urbanístico y su capacidad para proteger, en ocasiones, más los intereses propios y económicos, que los del patrimonio.

Construido e inaugurado a finales del siglo XIX, el Manicomio, llamado así popularmente, estaría formado por ocho pabellones alineados en un único cuerpo, en los que destacan sus galerías, con columnas de fundición y patios delanteros, que sería completado con las edificaciones que hoy aún perduran.

A partir de las reformas de los 80, las modificaciones de la ley socio-sanitaria, provocan que el hospital deje de recibir ingresos y se descatalogue como Manicomio, siendo clausurado en 1999. Sin embargo, esta situación ha favorecido que los vecinos de la zona accedan y la Asociación de Pino Montano, Centro Social de Miraflores, con el apoyo del Ayuntamiento, haya obtenido la Cesión de terrenos de la antigua Huerta de Miraflores o de las pistas deportivas, además de llevarse a cabo actos vecinales de todo tipo.

Incluso después de los esfuerzos del vecindario por poner al complejo edificatorio en valor utilizándolo para distintos usos, en 2014 la Diputación de Sevilla licita un contrato para la demolición de uno de los edificios del complejo, licencia que no se puede entregar debido a que no estaba redactado el catálogo y plan especial de toda la parcela. Una vez redactada la ficha de dicho catálogo se encuentra un grado de protección PE, es decir, pendiente de definición en un Plan Especial que no existe, dejando, por tanto, al complejo del Hospital Psiquiátrico en un vacío legal y ambiguo, a pesar de reconocer el interés arquitectónico como tipo edificatorio escaso y característico de una época.

Nos encontramos ante una ficha donde se reconoce como uno de los escasos conjuntos edificatorios perfectamente articulados internamente, valorándose la modularidad de su organización, así como la proporción de espacios vacíos y la calidad compositiva del conjunto del que forma parte. Sin embargo, no se definen las obras permitidas, ni las condiciones y parámetros de edificación, no se definen ni ocupación, ni posición, ni forma y volumen ni edificabilidad, provocando que el elemento patrimonial quede desprovisto de cualquier tipo de protección, a expensas de lo que la administración o las entidades económicas puedan hacer con este lo que mejor les convenga.

Ante esta problemática, Ana opina que la única forma que podría haber existido para que no se hubiera producido el definitivo derribo del Manicomio, hubiera sido un movimiento vecinal similares a los que ya han ocurrido en nuestra ciudad, ya que es la sociedad la que debe exigir y promover su mantenimiento y conservación cuando a la administración decide olvidarse del mismo porque no le interesa. De modo que este caso nos sirva para estar atentos a las posibles intervenciones que se prevean hacer en el resto de los edificios del complejo y alertas para que este tipo de incoherencias urbanísticas no se produzcan en un futuro.

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